Nutrición y emociones: ¿De qué tiene hambre tu vida?

Nutrición y emociones: ¿De qué tiene hambre tu vida?

¿Te has parado a pensar por qué comes cuando comes? ¿Siempre que comes lo haces con hambre? ¿Comes cuando estás aburrid@, porque es la hora, porque precisas un break en tus tareas diarias? ¿Estás satisfaciendo un hambre física real o es un hambre emocional que te está enviando un mensaje? 

¿Sabías que nuestra nutrición y nuestras emociones están íntimamente ligadas? La forma en que nos alimentamos influye directamente en nuestros estados emocionales, y a su vez, nuestras emociones muchas veces determinan qué y cómo comemos. 

La comida está presente en nuestra vida desde pequeños como una herramienta que nos aporta placer, calma y sosiego. Desde bebés se nos enseñó que prácticamente la totalidad de las situaciones que nos perturban pueden desaparecer como por arte de magia con la comida. 

¿Has notado que nadie se sorprende si te ve llorando y consolándote con chocolates? ¿Te has dado cuenta que solemos llevar bombones a ese familiar que ha enfermado para que “se anime y se ponga mejor rápidamente”?

Aprendimos a comer sin hambre física, a obtener una gratificación inmediata a nuestros malestares profundos y a tapar nuestras emociones, comiendo. Usar la comida como calmante es una práctica muy arraigada y validada culturalmente.

¡Cuántas veces nos sentimos tristes y recurrimos a un dulce para animarnos! Lo malo de esta práctica inconsciente es que interfiere con los sistemas innatos de placer, desvirtuando su mensaje.

Recuerda que el auténtico placer no es instantáneo. Cada una de nuestras actividades vitales tiene su propio ritmo de satisfacción y nos otorga placer cuando es satisfecha. 

Por eso, las necesidades de nutrición de nuestro cuerpo solo se satisfacen cuando ingerimos alimentos con hambre real. Ese es el momento en que experimentamos el verdadero placer de alimentarnos.

Pero en la sociedad actual, el ser humano pocas veces come para nutrirse y con hambre verdadera, lo cual ha provocado que nuestra relación con la comida se fuera desvirtuando con el correr del tiempo. 

Comemos para celebrar, para recompensarnos, para dejar de estar tristes, porque estamos en un compromiso y decir que no sería una falta de respeto hacia la otra persona, porque estamos enfermos, porque estamos sanos, porque estamos aburridos, porque tuvimos un disgusto, porque es la hora, porque es “la comida más importante del día”, etc.

¡Cualquier ocasión es buena para comer! De hecho, muchas facetas de nuestra vida giran en torno a los alimentos: prácticamente todas las celebraciones, cumpleaños, reuniones familiares o reuniones de trabajo tienen de base una buena mesa repleta de diferentes opciones para el paladar. 

Además, hemos convertido a la comida en un medio socialmente aceptado para tapar emociones. Por eso nadie se extraña si nos ven ahogar nuestras penas en helado. 

Pero el comer emocional no es gratuito, ya que trae consigo un efecto sedante, irritante y excitante en nuestro sistema nervioso, además de crear en nosotros una dependencia física y psicológica hacia ciertos alimentos. 

Los lazos emocionales que nos unen a los alimentos están fundamentados en las experiencias más tempranas que hemos vivido, acompañando todo nuestro crecimiento y maduración. Por ello resultan demasiado fuertes y resistentes al cambio, debido a que están impregnados en nuestro subconsciente. 

La salud, la forma física, el peso adecuado, sentirnos equilibrados interna y externamente… Ninguno de estos estados se consigue de forma instantánea. Y además, requerirán de una implicación activa de tu parte. 

Abandonar unos patrones de conducta y cambiarlos por otros más sanos precisa de un trabajo integral, abordando de igual manera la nutrición, las emociones, la toxemia acumulada en el organismo y los hábitos que repetimos a diario. 

De todo esto se desprende que es necesario aprender a gestionar nuestras emociones de forma saludable para poder alimentarnos sabia y sanamente. Así como también es preciso mantener unos hábitos alimentarios sanos en el tiempo para que nuestros estados emocionales tengan una base equilibrada donde sustentarse.  

La perspectiva integral de la salud aboga por encontrar una nueva forma de relacionarnos con nuestro complejo cuerpo, mente y emociones. 

Es preciso aprender a reconocer y aceptar cuáles son nuestras necesidades vitales no satisfechas e ir encontrando la forma de satisfacerlas sin esa urgente necesidad de recurrir a un parche momentáneo, como solemos hacer con la comida.

¿Qué necesito en este momento? ¿De qué tengo hambre en realidad? ¿Qué busco en mi vida? ¿Cómo me hablo cuando me doy cuenta de que como sin hambre? ¿Estoy siendo amable conmigo mism@? ¿Lo que estoy haciendo en mi presente me lleva a donde quiero estar en un futuro? ¿Qué está en mi mano hacer para cambiar ‘esto’ que me está haciendo daño?

Para comenzar a integrar una nutrición más consciente en tu día a día, te animamos a que a partir de ahora en adelante te hagas estas preguntas, te respondas sinceramente y escuches el mensaje que tienen para brindarte. Y recuerda que este es un camino que no tienes por qué transitar sol@. Pide ayuda si lo necesitas.

 

Suso Valcárcel y Flor Fernández

Coaches de salud integral, expertos en nutrición natural y consciente
Fundadores de Hygemon y del programa C.I.S.E.

www.hygemon.com