Aprender hace que tu cerebro cambie su forma

Aprender hace que tu cerebro cambie su forma

Seguro que, como la mayoría de los mortales, ya no recuerdas cómo se hacía una ecuación de tercer grado o eres capaz de nombrar todos los elementos de la tabla periódica. ¿Sabes a qué se debe esto? La respuesta está en la plasticidad del cerebro. Atento a lo que nos cuenta nuestra neuropsicóloga Cristina de la Fe

Nuestro sistema nervioso central tiene la capacidad de cambiar su organización estructural y funcional en respuesta a factores internos y externos. A esto se le llama plasticidad cerebral.

Nuestro cerebro crece, cambia y se moldea a lo largo de toda nuestra vida, a través de nuestros aprendizajes y experiencias. Nuestro cerebro busca siempre trabajar de forma eficaz, así que refuerza y elimina, construye y destruye en función de lo que le demandamos, de lo necesario. ¿Por qué ya no recuerdas cómo se hacía una ecuación de tercer grado o todos los elementos de la tabla periódica? ¿Por qué te has olvidado de utilizar el Excel cuando antes lo usabas a diario? ¿O por qué ganamos destreza a medida que practicamos seguidamente un deporte o habilidad?

Nuestro cerebro potencia aquellas conexiones neuronales que más necesitamos (de nuestros aprendizajes y experiencias que nos sirven actualmente), reduce aquellas que nos resultan menos vitales y crea nuevas conexiones entre las neuronas. Estas rutas se crean en el cerebro a través del aprendizaje y la práctica repetida. El cerebro es un órgano moldeable.

No todos los aprendizajes generan cambios en él, sino que este debe ser significativo o gratificante (de ahí la importancia de educar con refuerzo positivo) e influir en nuestro comportamiento y/o desempeño.

La plasticidad cerebral es esencial, ya que nos permite aprender, adaptarnos, recuperarnos de una lesión cerebral adquirida (ictus) o combatir el deterioro producido por patologías neurológicas como las demencias.

Los patrones de plasticidad varían con la edad, siendo mayor en la infancia y reduciéndose a medida que envejecemos. Sin embargo, no hay duda de que, independientemente de la edad, tanto los cerebros sanos como aquellos que han sufrido algún daño, se benefician del entrenamiento y de mantenerse activos (elicitando la plasticidad cerebral).

Si nos imaginamos el cerebro como una enorme red de carreteras donde hay autopistas, carreteras nacionales, secundarias, atajos, carreteras cortadas, en construcción, etc., podemos hacernos una ligera idea de cómo puede ser nuestra red neuronal. Las autopistas tienen más carriles, son más transitadas y más rápidas. Hay carreteras que dejan de ser transitadas porque ya tenemos otras vías por las que llegamos antes. Hay otras que se cierran porque ya no se circula por ellas, y hay otras que, aunque no las utilicemos tanto, solemos pasar por ellas de vez en cuando. Pues con el cerebro pasa algo así.

Cuando más tránsito se dé entre dos neuronas (activaciones/sinápsis por aprendizaje y práctica), más necesidad de potenciar esa carretera y crear autopistas rápidas y eficaces entre ellas. Cuanto más potentes sean nuestras carreteras, más eficaces seremos, más ágiles y mejor rendimiento cognitivo.

 

Cristina de la Fe

Neuropsicóloga

Psicóloga sanitaria