lunes 14/6/21

Nutrición y microbiota: somos lo que comemos, pero ¿qué o quiénes somos?

Todo el mundo repite esta frase: “Somos lo que comemos”. Y sí, estamos de acuerdo, pero ¿te has preguntado alguna vez qué o quiénes somos en realidad? Nosotros sí, y hoy damos respuesta a esta pregunta con este artículo

Nutrición y microbiota: somos lo que comemos, pero ¿qué o quiénes somos?
Nutrición y microbiota: somos lo que comemos, pero ¿qué o quiénes somos?

Podríamos responder a esta pregunta muy rápido diciendo que, en realidad, somos lo que nuestros microbios quieren que seamos… ¿Cómo? ¿Microbios? Sí, nuestros amados microbios. Te contamos qué queremos decir con esta frase: 

Hoy vamos a seguir hablándote de la microbiota, ese pequeño (gran) ecosistema compuesto de millones de microorganismos  -virus, bacterias, hongos, levaduras, arqueas, protozoos- que habita en nuestra piel y en las cavidades del cuerpo que tienen contacto con el exterior (vagina, pulmones, boca, aparato digestivo), guardando un perfecto equilibrio con nosotros. 

La microbiota se encarga de muchas funciones vitales, entre las cuales podemos mencionar:

  • Nos provee de nutrientes esenciales, como los aminoácidos y ácidos grasos y vitaminas, como la B12
  • Hace aprovechables elementos de la dieta que de otra manera no podríamos asimilar, como ciertos almidones. 
  • Se encarga de entrenar nuestro sistema inmunitario, promoviendo la inmunidad innata y adquirida.
  • Interfiere en la modulación de nuestros pensamientos
  • Regula nuestras elecciones, especialmente a la hora de comer, pero también incide en otras conductas como la apetencia sexual, por ejemplo. 
  • Es parte responsable y activa de la capacidad desintoxicante del organismo.
  • Mantiene la homeostasis del cuerpo. Es decir, nos mantiene en equilibrio. 

Como puedes ver, la microbiota además de formar parte de nuestra vida, incide directamente en las elecciones y acciones que llevamos a cabo. Nos proporciona nuestra capacidad de adaptación al medio y también al cambio, y representa una primera barrera para los agentes patógenos. 

Por eso, si el equilibrio de nuestra microbiota se altera, nuestras elecciones a la hora de alimentarnos se verán directamente influidas por este estado. Además, se inflamará e irritará nuestro intestino, ocasionando molestias que pueden ir desde hinchazón o reflujo a síndrome de intestino permeable o disbiosis, en casos más graves.

Para ejemplificar lo que estamos diciendo, te vamos a hablar de las cándidas, que quién más o quién menos las ha padecido en algún momento de su vida o ha oído hablar de ellas. 

Las cándidas son levaduras que habitan en nosotros en condiciones normales y en una relación simbiótica con nuestro organismo. Pero si su concentración se descontrola y se produce un sobrecrecimiento, estas levaduras mutarán a hongos, originando la tan temida candidiasis y generándonos, entre otros muchos síntomas, una mayor apetencia por los dulces, las harinas y las grasas, que es su alimento preferido.

Por eso, si sientes que tus ganas de comer productos como pizza, bollería, papas fritas, pan, pasta, dulces, galletas, etc. son tan grandes que a veces incluso se vuelven incontrolables, quizás sea el momento de pensar en cómo reequilibrar tu microbiota para recuperar así tu salud y bienestar.

Nutrición y microbiota: somos lo que comemos… pero, ¿qué o quiénes somos?

 

¿Y qué podemos hacer cuando aparecen estos desequilibrios?

Tenemos una muy buena noticia para ti: incidiendo en la alimentación y los hábitos de vida, podemos contribuir a que nuestro organismo recupere su homeostasis. A veces simples modificaciones en la alimentación son suficientes para comenzar a recuperar el equilibrio perdido. 

Introduciendo alimentos de baja carga digestiva y alto valor nutricional, como frutas, vegetales, germinados, fermentados, frutos secos crudos, pseudocereales como el trigo sarraceno o la quinoa, proporcionamos un descanso al sistema digestivo, disminuimos la inflamación y la toxemia y con ello, contribuimos a restaurar el equilibrio en nuestra microbiota.

Te invitamos a que de ahora en adelante incluyas una mayor cantidad de frutas y vegetales crudos en tu dieta habitual y comiences a sentir un montón de cambios positivos en tu día a día. 

  • Cambia tus desayunos habituales por piezas de fruta.
  • Come una ensalada de vegetales crudos antes de cada comida principal.
  • Cena ligero: una ensalada o unas piezas de fruta.

Pronto sentirás un aumento exponencial de tu energía, tus digestiones serán mucho más livianas y tus microbios recuperarán su equilibrio de una manera natural. 

Déjanos saber cómo te está yendo, nos encantará leerte en los comentarios. Te deseamos que continúes cuidándote y dándole a tu salud la prioridad que se merece.

 

Suso Valcárcel y Flor Fernández

Coaches de salud integral, expertos en nutrición natural y consciente
Fundadores de Hygemon y del programa C.I.S.E.

www.hygemon.com

Nutrición y microbiota: somos lo que comemos, pero ¿qué o quiénes somos?
Comentarios